El punto de partida de mi trabajo siempre ha sido la idea de dibujar en el aire. Por ello, todos mis trabajos deberían ser considerados, en puridad, dibujos.


Dado que el soporte de estos dibujos es el propio espacio expositivo, el tamaño de los primeros depende de las dimensiones del segundo. En este aspecto, la exposición no difiere de todas las que he realizado; los rectángulos áureos que la forman tienen esas medidas y no otras porque la altura de la sala es la que es.


Sin embargo, desde hace un tiempo tenía en mente dar una vuelta de tuerca a este concepto. No solo relacionar la obra «con el espacio donde esta se encuentra», sino hacerlo «con el espacio donde se encuentra el espacio donde esta se encuentra». Y la sala «Stage» de la galería White Lab es el lugar idóneo para desarrollarla, tanto por su fisicidad como, sobre todo, por la admirable receptividad de sus responsables a ideas innovadoras como esta.


La sala tiene unas medidas concretas, que condicionan, como ya se ha dicho, las dimensiones de las obras. Pero, además, está situada en un lugar preciso del planeta: la latitud 40’46ºN. El mismo ángulo que formaría, en ese punto, cualquier objeto con su propia sombra al mediodía (hora solar) de los equinoccios de primavera y de otoño. Y ese ángulo es la que determina la inclinación de los rectángulos que forman cada una de las obras. Es decir, los rectángulos áureos que forman la exposición tienen esa precisa inclinación porque la sala está donde está.


Dicho de otra manera, si en Quito o en Oslo hubiera una sala gemela a la sala «Stage» de Madrid, y se quisiera montar esta exposición allí, esos rectángulos tendrían una inclinación distinta (0º y 60º, respectivamente, coincidiendo con la latitud de esas ciudades). Pero, y esto es importante, a pesar de tener una forma distinta tendrían el mismo título, porque seguirían siendo las mismas obras.


Otra característica de estos rectángulos áureos es que todos están divididos visualmente en dos partes (un cuadrado y otro rectángulo, siempre áureos) por un elemento arquitectónico, como una columna, el techo o una esquina. Dado que todos los rectángulos de la sala son iguales, lo que los diferencia entre sí es precisamente el elemento de la sala que los divide. Esto plantea una pregunta, que el espectador es libre de formularse y de responder: si un elemento arquitectónico –que ya estaba allí antes del montaje y que seguirá allí tras la clausura– divide la obra en el punto concreto que el artista elige, entonces ¿ese elemento forma parte o no de la obra?




Roberto Chartam